¿POR QUÉ SE CONSIDERA EL CANDIDATO ORGÁNICO DE LA IZQUIERDA EN EL CUSCO Y QUÉ LO DIFERENCIA DE OTRAS CANDIDATURAS?
No creo que sea el único candidato orgánico de la izquierda, sin embargo, ser un candidato orgánico de la izquierda consiste en tener una trayectoria que no surge de coyunturas electorales, sino de décadas de militancia política apostando por la construcción de un proyecto político de cambio, de una apuesta por refundar el país que va a contrapelo de quienes solo quieren parches o creen que basta con un buen gobierno para cambiar las cosas. Desde la lucha contra el fujimorismo siempre aspiramos a construir una democracia de verdad, con justicia y la posibilidad de vivir en un país donde todos podamos construir nuestros sueños y sentirnos plenamente ciudadanos. Además, en ese esfuerzo hemos sido parte y hemos acompañado las sucesivas luchas sociales que nuestro pueblo ha librado por un cambio de fondo, por conquistar derechos, por defenderlos, por enfrentar los abusos de quienes han estado en el poder.
A ello debo agregar que no he buscado construirme una plataforma personal como han hecho muchos compañeros de ruta que han sido incapaces de apostar por proyectos colectivos y han terminado convirtiéndose en referentes individuales en busca de un soporte electoral particular. Venimos de décadas, con sus contradicciones y todo, de trabajar por un programa serio de cambio, de apostar por la unidad, y de construir un partido sólido a contracorriente de un tiempo en el que lo que predominan son los emprendimientos políticos particulares. A diferencia de otras candidaturas, me hago parte de una propuesta que no se limita a promesas aisladas, a la buena voluntad o a alguna especialización temática: está enraizada en la memoria de las luchas populares y en la articulación de un proyecto democrático y socialista que busca transformar el país desde abajo, con los trabajadores del campo y la ciudad, con las mujeres, los jóvenes y los pueblos originarios como protagonistas.
En esa medida considero que Venceremos representa una auténtica voluntad de cambio en el país y para el Cusco en su conjunto la posibilidad de alcanzar los cambios que han sido frustrados una y otra vez. No son palabras vacías, no es un asunto de elecciones. Desde lo institucional buscamos aportar en conquistar lo que se nos ha sido negado tantas veces y ha costado la vida de tantos hermanos, lo que hemos peleado en las calles, en lo profesional también. ¿Cuánta gente anda cansada de promesas? ¡Y lo entendemos! Y prefieren replegarse a lo personal o lo familiar, a la desesperanza de que se puedan hacer cambios históricos, estructurales. Pero tenemos que decirles que sí es posible, pero que para eso necesitamos proyectos serios y una política realmente comprometida. No podemos aceptar el sálvese quien pueda, pues nos hundiremos todos.
A UNA SEMANA DE LAS ELECCIONES, ¿CUÁL ES EL PRINCIPAL CAMBIO QUE PROPONE PARA EL CUSCO Y EL SUR DEL PAÍS?
El principal cambio que propongo es que concretemos un nuevo pacto social para el país que nos lleve a tomar otro rumbo y a concretar nuestros anhelos de cambio. Las familias trabajadoras no pueden empobrecerse porque alguno de sus miembros se enfermó; los jóvenes no pueden seguir pensando en escapar del país, de sus pueblos, ciudades, porque la educación no fue suficiente para labrarse una vida digna y con futuro; no es posible que en nuestra región los índices de desnutrición y anemia sean tan altos y que no tengamos seguridad alimentaria mientras que se abandona el campo, a la pequeña agricultura; no podemos seguir siendo meros proveedores de materias primas, de energía, mientras nuestros territorios se convierten en “zonas de sacrificio” con contaminación y enfermedades, de la que solo se benefician unos pocos, sin opción de lograr un verdadero desarrollo territorial.
Para superar esta situación debemos habilitar una salida constituyente, y lograr una nueva constitución para dejar atrás este Estado neoliberal y avanzar a un Estado garante de derechos y responsable de alcanzar el buen vivir para todos los ciudadanos. Enfrentar la concentración de poder que se ha generado en esta dictadura parlamentaria con un súper senado poderoso. Este estado criollo, centralista, racista, asesino y caduco no da para más y solo se puede sostener en el crimen, la corrupción, el asesinato, el abuso y el autoritarismo. Necesitamos refundar nuestro país.
Esto nos permitirá lograr un nuevo pacto territorial, una descentralización de verdad que acabe con el centralismo que ha generado desigualdades sociales, económicas, culturales y territoriales. Una descentralización que considere nuestra diversidad cultural y permita un ejercicio descentralizado del poder, cercano y fiscalizado por los ciudadanos. Hospitales que tienen décadas sin terminar de construirse, vías abandonadas, una educación que no responde a las necesidades y a un proyecto de desarrollo regional y nacional son las consecuencias del centralismo y de una descentralización que ha sido un simulacro de descentralización. El Cusco padece de estos males en todas sus provincias teniendo todas las potencialidades para que las cosas sean diferentes. La macro sur debe convertirse en un contrapeso al centralismo asfixiante articulando los territorios, con megaproyectos y un plan de desarrollo territorial de conjunto que articule nuestros territorios.
Un segundo elemento es la diversificación económica con industrialización, diversificación turística, recuperación del gas y una educación de calidad orientada a estos propósitos, con pertinencia social y cultural. Para ello, debemos garantizar, la recuperación del proyecto del gasoducto del sur. Necesitamos un estado con un rol más activo en impulsar financieramente y con infraestructura a los productores agrarios, a los micro, pequeños y medianos empresarios del turismo, de la artesanía, a la agricultura familiar. También es importante cómo, a partir de ello, se genera empleo de calidad, con derechos. Para ello, debe trabajarse por articular un sistema educativo regional que articule la educación básica y superior, la técnica y universitaria que permita que se sumen recursos, tecnología, infraestructura para lograr objetivos de desarrollo regional que apunten a salir de un modelo extractivista, de enclave y rentista que caracteriza a la economía regional y más bien se busque dar valor agregado y articulación a los territorios, a las comunidades.
Otro tema que es urgente es cómo trabajamos lo relacionado con el cuidado, la alimentación, la autonomía económica de las mujeres y el cuidado de las personas que se hallan en situaciones de vulnerabilidad. Para esto hay que empezar por impulsar la agricultura familiar, desarrollar las capacidades productivas y el acceso a empleo de mujeres y jóvenes y fortalecer la infraestructura del cuidado, es decir comedores populares, salones comunales entre otros donde se pueda, con la ciudadanía organizada, en articulación con los gobiernos locales y los programas sociales lograr la seguridad alimentaria, la erradicación de la violencia de género, la atención en salud, la autonomía económica, la atención de niños, adolescentes, jóvenes, personas con discapacidad y adultos mayores.
Nuestra región tiene un sinfín de posibilidades humanas y de recursos para alcanzar otra calidad de vida, sobre la base de la solidaridad, de un estado más activo y del esfuerzo de las comunidades y el sector privado. Es un crimen que tras tantos años de crecimiento económico sigamos en la precariedad, en la informalidad y en el abandono.
Entrevista publicada en el Semanario Qosqo Times, en Cusco 6 de abril de 2026.
(Entrevista a Alvaro Campana candidato al Senado por la Región Cusco en la Alianza Electoral Venceremos para Qosqo Times)
¿Quién es Álvaro Campana?
Lo primero que quiero es agradecerles la posibilidad de dirigirme al público de Qosqo Times. Soy un cusqueño que, como muchos otros, en algún momento tuvo que dejar Cusco para seguir mis estudios. Inicié mi formación en Historia en la Universidad Nacional de San Antonio Abad (UNSAAC) y la continué en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Desde muy joven, he militado en diversos colectivos y organizaciones de izquierda, promoviendo la refundación de la política y de un proyecto de izquierdas acorde a los desafíos del mundo contemporáneo. Mi apuesta siempre ha sido por la radicalidad, entendida como la necesidad de «cambiar los problemas desde la raíz» y, a la vez, partiendo de nuestras propias raíces histórico-culturales.
A mi generación —estoy próximo a cumplir cincuenta años— nos tocó luchar contra la dictadura de Fujimori, con la convicción de que alcanzar la democracia nos permitiría superar la violencia, la corrupción y el abuso de poder instalados en el país. Lamentablemente, esta tarea se logró a medias: sacamos a Fujimori, pero el fujimorismo continuó bajo modales democráticos. Tuvimos una transición trunca y, al parecer, hemos retrocedido a una situación similar o peor. Fui parte de la experiencia del Frente Amplio y, posteriormente, del Movimiento Nuevo Perú, del cual ejercí como Secretario General desde 2017 hasta 2021.
Profesionalmente, mis intereses han sido diversos. He trabajado en temas como la Reforma Universitaria, la descentralización y el ordenamiento territorial. También me he desempeñado en el ámbito de la educación popular y cuento con estudios avanzados en docencia universitaria. Fui Coordinador Ejecutivo del Grupo Propuesta Ciudadana, una plataforma nacional de ONG, donde tuve la oportunidad de acompañar la discusión de la Política sobre Gestión y Ordenamiento Territorial en el marco del Acuerdo Nacional, asesorando a la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales.
Actualmente, soy Presidente de la Asociación Nuestro Sur, un Espacio para la Reflexión y la Acción Política, desde donde generamos reflexiones, propuestas políticas y programáticas, además de desarrollar procesos de formación política para organizaciones sociales y políticas. Adicionalmente, he participado activamente en diversos esfuerzos para discutir e impulsar el proceso constituyente en el Perú.
¿Por qué Álvaro Campana postula para ser Senador por Cusco?
Sinceramente, nunca me sentí cómodo con la idea de postular a un cargo de representación. Las razones son varias: en primer lugar, el convencimiento de que la política no se reduce únicamente a los procesos electorales; y, en segundo, por la vanidad, la frivolidad —por no decir algo peor— que a menudo rodean la política de representación.
Sin embargo, también he comprendido que, dada la organización de nuestro sistema político, los esfuerzos realizados en los espacios orgánicos resultan insuficientes, pues la voz de uno no es escuchada con la suficiente fuerza, incluso ocupando posiciones importantes en organizaciones serias. A esto se suma una interpelación personal: ¿por qué dejarle el espacio a quienes han capturado el poder y desprestigiado la política, conspirando contra las posibilidades de futuro de nuestro país, condenándonos a la precariedad, la inseguridad y el hambre?
Uno podría pensar: «Empeñé mi juventud en la lucha contra la dictadura fujimorista y hemos vuelto a algo similar o aún peor»; lo más sencillo sería volver a lo propio, dedicarse a otra cosa. No obstante, el desastre que vivimos trasciende al Perú. Como señala Álvaro García Linera, el mundo está en un momento de redefiniciones que orientarán el futuro por un buen tiempo. Contribuir a que ese futuro sea de democracia, libertad y justicia es algo por lo que vale la pena empeñar nuestras vidas.
Por ello, decidí entrar en la contienda electoral: para aportar en la construcción de una agenda de país y, desde allí, contribuir al cambio de fondo, a la refundación democrática que anhelamos.
¿Y por qué al Senado? Porque este nuevo espacio de poder, creado por la actual «mafia congresal», tiene atribuciones que lo vuelven muy poderoso y sirve como un espacio de reproducción del poder mafioso y autoritario de las fuerzas políticas y los intereses que representan. Necesitamos entrar para cambiar esto, para poner un freno a estos grupos. No es una tarea fácil dada la fragmentación política y las ventajas que se han otorgado quienes apuestan por una salida autoritaria a la crisis actual.
A pesar del desprestigio que pueda acarrear disputar estos espacios, me enfrenté al dilema, ambas opciones totalmente legítimas: o me quedaba tranquilo en casa o salía a pelear. Opté por seguir en la lucha política e insistir en una salida democrática y constituyente a la crisis. Mi convicción es que el país necesita una insurgencia democrática y electoral, una lucha tanto en la calle como en las instituciones. Sin el poder constituyente, la refundación democrática no es posible, y ese poder es del pueblo.
El Senado se convierte también en un espacio importante para activar o ajustar los mecanismos que permitan abrir la salida constituyente, a la que se han negado los grupos de poder y un Congreso desprestigiado que ha modificado a su gusto la Constitución de 1993, que antes declaraban intocable, para reforzar su carácter autoritario y salvaguardar el lesivo capítulo económico que contiene. Considero, además, que el mismo Senado debe ser puesto en cuestión, pues no olvidemos que la gran mayoría de peruanos votaron en contra de su reinstauración. Esto debe ser replanteado, discutido y decidido con la ciudadanía.
Desde el Senado, ¿qué se puede hacer por Cusco?
No podemos ver el Senado como una entidad separada de la Cámara de Diputados. Cualquier iniciativa legislativa y su aprobación requerirán coordinación. Por ello, es imperativo construir una agenda orientada a atender las necesidades del pueblo cusqueño.
Fiscalización y Lucha Anticorrupción
Una tarea fundamental es la fiscalización rigurosa. No solo de cómo se han llevado adelante obras vitales que se encuentran paralizadas o pospuestas (hospitales, centros de salud, represas que se construyen con interminables adendas), sino también de cómo se han usado nuestros recursos y la renta generada. Debemos identificar quiénes se han beneficiado realmente, si se cumplieron los objetivos y poner nombre y apellido a los responsables, identificando los mecanismos que propiciaron esta situación.
Es inaceptable la prolongada espera por la masificación del gas, mientras alguien se ha beneficiado todo este tiempo. ¿Qué se ha hecho con los recursos destinados a nuestra universidad nacional, que a estas alturas debería ser un referente? Es crucial investigar y sancionar los actos de corrupción que han afectado nuestro patrimonio arqueológico y natural.
Impulso de un Nuevo Pacto Social Regional y Nacional
Desde el Senado, y coordinando con la representación que realmente apuesta por los cambios de fondo, debemos impulsar un nuevo Pacto Social por la Región y el país:
Referéndum Constituyente: Es vital convocar un referéndum constituyente.
Equilibrio de Poderes: Derogar las leyes que favorecen el crimen y restablecer el equilibrio de poderes.
Reforma del Estado y Ordenamiento Territorial: Es urgente impulsar una reforma del Estado y gestar un nuevo pacto territorial que nos permita gobernar y gestionar mejor nuestro territorio e impulsar su desarrollo.
Fortalecimiento Comunitario: Este nuevo pacto debe involucrar a las organizaciones y comunidades, fortaleciendo su capacidad de participar en la toma de decisiones.
Planificación Estratégica: Impulsar decisivamente la planificación y el ordenamiento territorial como marco de intervención y gestión pública y privada.
Agenda Económica y Social Urgente
Recuperación y Uso Prioritario del Gas: Necesitamos recuperar el gas y priorizar su uso para la masificación y la industrialización del sur.
Ruptura del Oligopolio Financiero: Habilitar al Banco de la Nación para romper el oligopolio en el mercado financiero que genera intereses usureros y altas ganancias para los grandes bancos a costa del desarrollo de las mayorías.
Seguridad Alimentaria y Dignificación de la Vida: Actuar urgentemente contra la inseguridad alimentaria y la precarización de la vida mediante:
Fortalecimiento de la agricultura familiar e industrialización del agro.
Articulación de la oferta educativa con este esfuerzo productivo.
Creación de mercados que privilegien la comercialización directa de los productores.
Infraestructura del cuidado para comedores y programas sociales.
Reconocimiento económico de las actividades de cuidado y promoción de la autonomía económica de las mujeres y la erradicación de la violencia.
Estas iniciativas, desde garantizar el acceso al agua y la energía, hasta fortalecer la agricultura, la artesanía y descentralizar los servicios de educación, están intrínsecamente vinculadas a las necesidades del Cusco.
¿Cómo observa el desarrollo y la política en Cusco?
Un gran problema es la ausencia de una élite regional con la suficiente masa crítica para impulsar una visión de desarrollo integral. La lógica rentista, extractivista y centralista de la economía ha impedido la conformación de élites políticas, económicas y académicas sólidas.
La universidad está lejos de subsanar estos déficits, al igual que los partidos. Las organizaciones sociales, que de alguna manera sí lo intentan, se ven afectadas por la supervivencia, la fragmentación y la subordinación forzada a los gobiernos subnacionales. Incluso los medios de comunicación están tan precarizados que no logran generar una opinión pública capaz de discutir los grandes problemas de la región; nos movemos entre la anécdota, la denuncia de corrupción y el reclamo puntual. Esto nos impide tener una política a la altura de las circunstancias.
Debemos revertir esta situación desde los gobiernos subnacionales, la academia, las organizaciones sociales y los partidos. Ojalá también con una forma de empresariado no rentista que apueste por el turismo, la industrialización y la agricultura al servicio de las grandes mayorías.
Recientemente participé en una presentación de candidatos y encontré gente bien intencionada y con buenas ideas, muchas de ellas coincidentes. ¿Qué nos diferencia entonces?
En primer lugar, aunque todos hablan de mujeres, comunidades y jóvenes, hay una diferencia crucial entre quienes participamos en organizaciones que realmente se comprometen con estas demandas y quienes forman parte de partidos que han atentado claramente contra estos sectores.
En segundo lugar, hay intereses sociales profundos. Me sigo preguntando: ¿Qué visión llevó al Gobernador a desalojar el Mercado de Productores de Huancaro para luego no hacer absolutamente nada, utilizando además a un sector de construcción civil para ello? Hay visiones e intereses diferentes, y prioridades que deben ponerse sobre la mesa y que no se discuten. La política debe ser la discusión y la disputa entre proyectos y visiones contrapuestas.
El caso del Hotel en Machu Picchu es otro ejemplo: abogados y periodistas que dicen defender los intereses del Cusco terminan defendiendo a una empresa abusiva que se cree dueña de una infraestructura cuya concesión ya terminó, imponiendo sus intereses con argucias legalistas. O los destrozos que se están haciendo en el Valle Sagrado, donde la especulación y la presión inmobiliaria, junto a la gentrificación, contribuyen a la destrucción del patrimonio cultural y natural sin que el Estado neoliberal haga nada, o incluso, como ocurre con varios municipios, esté vinculado a esto.
Igualmente debemos considerar lo que se desveló en el llamado estallido social y el costo en vidas que trajo la brutal represión y el asesinato del régimen de Dina Boluarte. Vimos entonces el actuar y la pervivencia de un Cusco racista y clasista, de un Cusco “Waqchapituco” que sigue allí, despreciando a las grandes mayorías de nuestra región e incluso justificando la brutalidad policial y militar o la criminalización de la protesta social como ocurre con los jóvenes de Pisac. Felizmente estos sectores son minoritarios aunque también influyentes. Eso nos muestra que aun que los peruanos y los cusqueños tenemos que superar estos “hondos y mortales desencuentros”. Y eso tiene que hacerse sin impunidad, con justicia y verdad.
¿Qué debe ocurrir para encauzar a Cusco por la ruta de la modernidad y el desarrollo?
Es imperativo gestar un gran pacto social por el Cusco que permita dirimir qué tipo de desarrollo queremos. Por eso, hago un llamado a construir una agenda política y social del Cusco y un compromiso con su impulso. Las izquierdas tenemos un deber en ello, a pesar de haber sido incapaces de ir unidas en un momento de tanta necesidad. Es el momento de afirmar una alternativa real de desarrollo y buen gobierno para nuestra región y nuestro país, que debe afirmarse en la lucha electoral y en el momento que viene después.
También debemos construir puentes con otras fuerzas democráticas para lograr que nuestro Cusco sea un faro del «buen vivir» en el sur y en todo el país. Hay cosas ineludibles y evidentes que sirven para encaminarnos al desarrollo.
¿Cree que su partido perdió mucho al no postular a Verónika Mendoza? ¿Es usted el hombre fuerte detrás de Verónika Mendoza?
Construir un liderazgo es difícil, pero a veces es necesario refrescarlo. El papel de la compañera hubiera sido clave en estas circunstancias a nivel nacional. Sin embargo, respetamos esta decisión, que tiene un carácter fuertemente político, no solo personal. Volver a la base, construir desde los territorios, es algo también necesario y entiendo que esta es la apuesta de la compañera, quien sigue trabajando en el partido y en el Frente que hoy lidera el compañero Ronald Atencio con la candidatura presidencial. Y no hay un «hombre fuerte» aquí. Nuestra lideresa, más allá del rol que cumpla, es Verónika Mendoza, quien es un referente nacional e internacional. Además, creo que ella viene construyendo un equipo importante a nivel regional, como se hizo antes a nivel nacional. Aquí lo que hay es un conjunto de hombres y mujeres fuertes detrás de un proyecto político que busca cambios de fondo. Un ejército de Micaelas y Túpac Amaru.